
El método histórico-positivista nace en la segunda mitad del siglo XIX por el influjo de, obviamente, el Positivismo de Auguste Comte y su plena confianza en la ciencia, proponiendo así la “aplicación del método científico en todas las disciplinas”. La crítica se considerará entonces a sí misma como una ciencia literaria. Esta ciencia se identificará primeramente con la Historia de la Literatura (la moda del momento es el historicismo) y “la evolución literaria se concibe como una sucesión de etapas que conducen progresivamente a un perfeccionamiento espiritual. Naturalmente, queriendo la Historia Literaria ser considerada una ciencia, los chicos que se definían como críticos-historiadores se apegan al método científico para dar origen al llamado método histórico-positivo: objetividad absoluta, recolección y clasificación de datos para deducir las leyes de lo literario.
Péro! … nunca aplicaron la valoración crítica, ni emitieron juicios de valor sobre las obras literarias que examinaban. Como se ve, se basa esto en el relativismo histórico, en otras palabras, se trata del convencimiento de que “el canon de belleza varía en cada época concreta y de que lo importante, por tanto, es buscar las causas que hacen que el canon sea ése y no otro en cada momento”. Lo que se debe hacer para lograr la máxima objetividad se debe acumular toda la información posible sobre la obra de manera a estudiarla y situarla en su momento histórico preciso, pero teniendo cuidado de no emitir juicio alguno. “Lo importante no eran las impresiones o gustos personales del crítico, sino su erudición. La crítica histórico-positivista quiere ser sobre todo una crítica erudita. Erudita y científica, de ahí que trate de desterrarse todo conato de subjetividad”.
Es la contraposición perfecta a la crítica impresionista que utiliza la subjetividad como su instrumento principal.
Entre los chicos positivistas encontramos a:
Hippolyte Taine y su triada raza, medio y momento, elementos necesarios para explicar los cambios de las grandes corrientes históricas y la idiosincrasia de las distintas literaturas.
Emile Zolá, teórico más importante del Naturalismo, movimiento literario que puede ser considerado como una especie de “realismo científico”. Le roman expérimental se constituye así como el documento teórico más importante del movimiento naturalista.
Ferdinand Brunetière, quien aplica su teoría histórico-genética al estudio de los géneros literarios manteniendo así una vinculación cada vez más estrecha con el prestigio de las ciencias naturales y biológicas. Inspirado en el “principio de selección natural como causa de una transformación de las especies encaminada a la mejora progresiva del ser vivo”, Brunetière concibe los géneros literarios como organismos sometidos a las distintas fases del proceso natural de evolución biológica. Los géneros nacen, se desarrollan hasta alcanzar cierto grado de perfeccionamiento, entran en decadencia y finalmente mueren o se transforman.
Gustave Lanson. Histoire de la littérature française. Principal representante de la erudición positivista francesa. Lanson no se siente particularmente atraído por la metodología científica sino por los mecanismos seguidos en el ámbito de la historiografía y la sociología. La crítica debe tener como objetivo último estimular al lector a la lectura personal de los textos. Lanson considera el verdadero objetivo de la crítica: describir las individualidades literarias. Lo que propone es un análisis inductivo basado en los datos positivos, un análisis que permita demostrar la originalidad de las obras y sus autores.
Y luego me llaman a mí “chica negativa”.