Posteado por: madeleine | abril 30, 2007

La verdadera vibra positiva. Crítica impresionista. La reivindicación del placer del texto.

clarin.gifProclamándose acientífica y ajena a toda objetividad, la crítica impresionista se opone al espíritu de la crítica histórico-positivista. El acercamiento a la literatura debe darse desde posturas subjetivas en las cuales se confía en la impresión personal que una obra causa al crítico-lector. Hay que explicar la belleza de forma intuitiva de una obra sin enjuiciarlas.

El primero en aplicar el término “impresionismo” fue Jules Lemaître, autor de Les contemporains, quien tomó el término de la pintura. Incluso, Lemaître explicaba que las impresiones personales del crítico podían variar ante una misma obra leída en distintos momentos porque su personalidad, como la de cualquier persona, está sujeta al cambio con el paso del tiempo.

“Por tanto, lo que el crítico tenía que hacer, según Lemaître, era dar cuenta en cada momento concreto de su vida de las impresiones que las obras le causaban, sin descartar que estas impresiones llegaran a modificarse con los años” (¿Y me dirán que bajo este argumento no es Borges un crítico impresionista con respecto a Cortázar y sus obras? Ver Chapini, Julio. Borges y Cortazar. Ed. FAS. Buenos Aires. 2000.  A lo largo de los años, Casa Tomada pasa de la mejor a la peor obra según su opinión).

Los impresionistas rechazan todo dogmatismo y aún los estudios eruditos porque creen que la erudición impide muchas veces comprender la literatura. Otra característica importante de la crítica impresionista es que, en general, los impresionistas se aproximan a la obra con una actitud favorable. Si la obra les resulta mala, no se toman el trabajo de gastar sus energías en criticarla, lo que se busca es concentrar los esfuerzos en las obras con las que han experimentado el placer intelectual. Llevan a cabo una reivindicación del placer del texto. Se defiende la postura de que la literatura es una actividad del espíritu y sólo es posible acercarse a ella de manera intuitiva. Es una teoría afectiva, no cognitiva del arte. Teoría basada en la sensibilidad artística del crítico, de su intuición.

Del encuentro entre la obra y el contemplador resultan las impresiones a lo que el crítico sólo debe agregar el trabajo de expresarlas por escrito y hacerlo de la manera que lo haría si estuviese escribiendo una obra literaria. Los críticos impresionistas son críticos creadores. Se necesita la unión del talento y la sensibilidad.

Anatole France, el crítico que puso mayor energía en la defensa del radical subjetivismo y “uno de los que más insistió en la idea de que la crítica no podría jamás llegar a ser una ciencia” plantea que el crítico que dice ser objetivo solo se engaña a sí mismo y a sus lectores. Lo que dice el crítico literario parece estar referido a sí mismo, siempre. Para hablar de otro, se debe hablar de uno mismo, y decirlo, ser completamente sincero. En su prólogo del primer tomo de La vie littérair  escribe France: “Pour éter franc, le critique de vrait dire: Messieurs, je vais parler de moi à propos de Shakespeare, à propos de Racine, ou de Pascal, ou de Goethe”

El placer estético, para el impresionismo, no viene de la forma externa de la obra, sino de su capacidad de penetrar hasta la fibra sensible del lector. La belleza se constituye así en la única categoría para enjuiciar las obras.
Clarín, por su parte, propone la “crítica popular” que consiste en popularizar la literatura para que llegue a todos. El arte tiene una misión educadora. Popularizar la literatura implica dejar de lado el aparato científico y adecuar la crítica al nivel de inteligencia de un público de nivel medio, no erudito. Clarín no rechaza la erudición por sí misma, sino la que considera inútil. Es necesario que el crítico preparado, realice comentarios que ayuden al lector a transportarse a la época de la obra, al contexto histórico, de manera a entenderla mucho mejor.

Según Clarín, las obras deben ser valoradas según su intrínseca calidad estética. Esa es la única manera de garantizar la libertad artística.

La crítica de Clarín nunca es destructiva, sino constructiva, ¡positiva! Es necesario acercarse a los autores con una visión positiva, no siendo ciego a los defectos, sino comprendiéndolos y dejándolos de lado si los logros son superiores. Aquí se observa claramente la influencia de Lamaître al centrarse en las virtudes y no en los defectos de las obras. Es ésta la perspectiva que más se ajusta al proyecto de popularización de la literatura de Clarín, porque lo que se quiere lograr es una crítica sugestiva, que estimule la lectura.

Otra idea importante de Clarín es que el crítico literario debe ser capaz de colocarse en el lugar del artista para comprenderlo mucho mejor, lo que implica dejar de lado el propio ego durante el acercamiento a la obra literaria. Esta infiltración en el alma del poeta es posible porque “al hombre nada de lo humano le es ajeno”.
La crítica entonces tiene dos funciones: interpretar y orientar.

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Responses

  1. David Viñas y tal, ¿no?


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